jueves, 26 de marzo de 2015

Cápsula 1: La Tempestad || Quinta Canción: Matar a Dios.

"Mas porque eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca"
Apocalipsis 3:16 

Dos días de camino lento a través de la arena del desierto y ya empezaban a estar agotados. El Hombre había sido listo y había cogido agua de Lenguasapo antes de continuar, así que no era necesario hacer turnos para beber, ni marcarse una horas. Agua era lo único que tenían hasta que llegaran a Ventura. El Hombre no dejaba de pensar en lo que sería visitar un pueblo en el que pudiera trabajar para poder lavarse y comer decentemente. Con suerte su plan para despistar a El Diablo diera resultado, aunque ese niño...era un problema en sus cálculos.

-Nos sigue algo-dijo El Niño. El Hombre paró en seco su caballo.

No podía ser, no habían perdido tanto tiempo, no podían haber perdido tantas horas de ventaja sólo por pararse a por agua. Pero así era, El Diablo les había alcanzado y él ni siquiera se había dado cuenta.
Se giró lentamente mientras llevaba su mano a la pistola...no estaba preparado...

La arena se extendía hasta donde alcanzaba la vista y en medio de toda esa nada un animal le miraba desde lo lejos.

-¿Es un perro?-Su intención era haber dicho aquella frase con seguridad, pero le salió de dentro el tono interrogativo. No había Diablo alguno, sólo era un perro marrón rojizo, con la oreja derecha puntiaguda y la izquierda caída. En las patas llevaba manchas negras que daba al animal una imagen graciosa e inocente, parecía que llevase calcetines en sus zarpas.

El Niño se giró y sonrió por primera vez en dos días. Lo hizo tímido, con una mueca de medio lado.
-Es Zorro. Es el perro del Sheriff...-Entonces se acordó y borró la sonrisa de su cara-...lo era.

El Hombre cogió una piedra del suelo, y se la arrojó al animal. El can soltó un ruido de lamento por el golpe y retrocedió atento a si El Hombre le lanzaba más piedras.
-¡Qué haces! -El Hombre miró al chaval extrañado.
-Intento que se vaya.
-¿Te molesta que nos siga?-dijo El Niño muy serio.
-No voy a dejar que venga con nosotros, no nos dejará borrar el rastro. Y no pienso darle una gota de mi agua a un perro.
-Das de beber al caballo...
-El caballo me lleva en su costado durante todo el día. Le necesito.
-Yo le daré de mi agua...
-Tu no tienes agua. -dijo serio mientras encorvaba su espalda dispuesto a coger otra piedra- Todo el agua que hay es mio, yo lo he cogido. Si te cedo una parte es porque quiero. No voy a dejar que malgastes mi agua.
El muchacho pensó unos segundos mirando fijamente a El Hombre.
-Entonces no beberé -dijo El Niño de manera rotunda.

El Hombre no supo qué responder. Su hija nunca le hubiera contestado de aquella manera...aquel chico era mucho más listo que los otros de su edad, sabía que había ganado esa discusión sin ni si quiera empezarla. Si El Hombre le decía que no bebiera sabía que tarde o temprano él le daría agua, si no le había dejado morir en Lenguasapo no iba a hacerlo ahora, era un hombre de Dios, y el muchacho le había oído rezar tres veces cada día...lo sabía. Dios le había vuelto a jugar una mala pasada.
El Hombre maldijo a Dios en voz alta y susurró algo sobre un jaguar y una serpiente de plumas.
-...suerte has tenido.- murmuraba para sí mismo mientras miraba de un lado a otro frustrado-...sino hubieras sido pasto de sacrificio...tu y el puto perro. ¡Si hubiera elegido creer en esos dioses y no en un dios misericordioso tu vida hubiera sido muy corta, niñato!-terminó gritando. No podía perder más tiempo con aquello o no llegaría a tiempo para dar esquinazo a El Diablo-...por lo menos el chucho ha traído algo bueno.-puso un pie en el estribo y subió sentándose detrás del chico- Ahora sé que no te has quedado mudo.

Aquel chico le iba a traer la ruina. Y el perro... tenía que matar al perro antes del amanecer.

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La noche cayó como un jarro de agua fría. El Hombre intentaba explicarle al chaval por qué no iban a encender una hoguera.
-...moriremos de frío.
-Pues pégate al chucho ese. Si no sobrevives a esta noche no sobrevivirás a las que nos esperan más hacia el norte.
-Vamos hacia El Paso ¿verdad? Allí podemos intentar vender algo y comprar mantas.
-Cállate y duérmete ya o te juro por todos los demonios de los cuatro desiertos que te vendo a cualquier cura depravado en el siguiente pueblo.
El Niño guardó silencio y se dio media vuelta abrazando a Zorro muy enfadado.
-Inténtalo, siláh. 

El hombre abrió los ojos tumbado de espaldas al niño. Aquel fue el preciso instante en que se dio cuenta de que aquel muchacho era muy capaz de matarle mientras dormía. Aquel niño también era un hombre de Dios y servir al Señor cuando eres tú quien persigue es fácil, pero servirle cuando eres el perseguido es otra cosa.

A media noche El Hombre sintió algo cerca suyo, algo le tocaba. Sólo pudo pensar unos segundos mientras su mano iba hacia el revólver. Otra vez el puto perro. Había llegado el momento, El Niño dormía, no se enteraría hasta el día siguiente. Sacó el cuchillo de su bota y agarró al perro cerca de sí, Zorro se dejó coger con la confianza del perro que piensa que le van a acariciar. Mientras el hombre sostenía al perro por el pellejo de piel de su nuca el perro olisqueó la cantimplora de El Hombre y él le miró.
-Qué hijo de puta. Estás viendo el cuchillo y todavía tienes los huevos de pedirme agua.- suspiró lentamente.- Te da igual todo...

De alguna manera se vio a sí mismo reflejado y guardó el cuchillo. Abrió la cantimplora y le dio de beber entre sus manos.
-...puto perro. Al final sí que has resultado ser un diablo...-El Hombre hizo una mueca que bien podría parecer una sonrisa. Zorro había sido el único capaz de sacar una sonrisa a los dos, y sólo por eso viviría una noche más.
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Despertaron antes del amanecer para aprovechar las horas de fresco. En no mucho tiempo llegarían a su destino, quizás ese mismo día si el niño no daba mucho la murga. Una vez alli podrían vender algunas cosas y pagar unas sábanas o unas mantas con las que poder taparse cuando el sol estuviera en su punto más alto.

Aún medio dormidos, y quizás precisamente por eso, los dos comenzaron a hablar. Al principio la conversación no giraba entorno a nada, había nacido como nacen todas las conversaciones, hablando del clima. Pero casi sin darse cuenta El Hombre saltó la frontera que separaba lo trivial de lo vital.

-¿Qué pasó exactamente en Lenguasapo?-Así dijo. El niño se puso muy recto. La sangre plagó su cerebro. La sangre de familiares, la sangre de sus padres, la sangre del boliche, de su pueblo, de la única patria que había conocido. La sangre de la niña que aún amaba.
-Ya lo viste. Todos murieron.-dijo muy serio mirando al frente y sin apartar de su cara el mechón de pelo que le molestaba.
-...Es curioso, el ser humano puede hacer muchísimas cosas, es un ser muy versátil, capaz de hacerse con muchas habilidades y conocimientos. Puede ser diestro con una espada o con un revólver y a la vez ser un distinguido poeta. Puede tocar las canciones mas románticas y ser un auténtico hijo de la gran puta con las mujeres con las que se acuesta. -El niño giró la vista hacia él. No seguía el razonamiento que había llevado a El Hombre a darle ese discurso pero tenía miedo de que dijera lo que realmente había pasado en el pueblo frente al altar de fuego que habían levantado para Sussi.
-¿Qué quieres decir? ¿Y qué culo es una espada?-dijo El Niño.
-Un hombre puede aprender muchas cosas, pero jamás aprenderá a morir.- El hombre ignoró al muchacho y se quitó el sudor de la frente con el pañuelo de su cuello, después con calma volvió a atarlo en su sitio mientras hablaba- no me refiero sólo a no estar preparado para morir, no. Me refiero a que él por si mismo no puede tomar la decisión de morirse. Si llegara el caso de desear morirse sólo puede recurrir a quitarse la vida, a suicidarse. Uno no puede simplemente apagarse como lo hace el sol cada noche. Debe tener las agallas de cortarse en el antebrazo, y hacerlo fuerte y profundo. Requiere valor preparar todo el proceso, la despedida, el lugar... No es tan frío como piensa todo el mundo. La muerte es mucho más cálida de lo que se piensa.
-No tengo intención de suicidarme, no señor.
-...sólo digo que ése mismo valor se requiere también para acabar con otras personas.-El Niño trataba de pensar por qué El Hombre no decía ya lo que pensaba y no dejaba de dar vueltas para torturarle.- si mantienes tu pistola firme frente a otra persona y aprietas el gatillo la víctima ya ha perdido a su familia mucho antes de que tu bala le haya alcanzado, y lo que es peor...su familia ya lo ha perdido a él. A veces, no hay escapatoria, tu puntería supera a todos los sueños que esa persona pudiera tener ¿verdad? supera a todos los hijos que aquel hombre tuviera destinado a sacar de sus pelotas. Acabas con todo, sin aún siquiera llegar hasta él. Acabas con su mujer, con su madre...

El Niño abrió mucho los ojos. Un escalofrío detrás de otro le recorría, tanto era así que empezaba a temblar. "Va a enloquecer cuando se de cuenta, pero tiene que asumir lo que pasó." pensó
El Hombre

-Ninguno de aquellos hombres "murió". Los mataron.
-...Sí, tienes razón. La Inquisición ha acabado con todo lo que tenía. Ha matado a todas las personas que quería.
-No.

El Niño le miró, su labio inferior comenzó a temblar, las alas de su nariz se abrían y se cerraban, nerviosamente.

-...La Inquisición retira del sur más de la mitad de la plata de las minas de Baluarte, lo sé, yo fui Sheriff de la capital durante algunos años, conozco los impuestos que pagamos a la Iglesia. Usan balas de plata del calibre 35. Todos los disparos que se hicieron en Lenguasapo fueron realizados desde la espalda. La inquisición dispara una sola vez y a la cara. El disparo siempre se hace en el cráneo. El calibre de los disparos de los cuerpos que ví eran de un calibre 50 más o menos. Aproximadamente el calibre del arma de Boliche, curioso que incluso El Boliche llegara a dispararse a sí mismo por la espalda con un fusil.
>>Fuiste tú. Tú mataste a todos.- El Niño sintió como su corazón se aceleraba y la sangre le bañaba por dentro.

-Ellos...-cogió aire y lo dejó caer mientras se escapaban las lágrimas de sus ojos.-...Ellos la entregaron. Mis padres, los suyos, El Boliche... todos la entregaron ante la Inquisición... ¡No había hecho nada!-El caballo paró al leve gesto de El Hombre.-¿Cómo puede un padre sacrificar a su hijo en nombre de Dios? ¿Cómo puede odiar a su hijo por ser zurdo o pelirrojo? ¡Nos matan! Nos buscan, sin haber hecho nada malo y nos arrancan de nuestra vida...
>> Incluso se quedaron viéndola arder y gritar. Yo no pude. Tan sólo me fui corriendo al lado de Zorro, y... el arma estaba apoyada en la pared...mi padre me enseñó a disparar hace dos años. Tan sólo recordé lo que me dijo. "Espalda recta. Respira hondo. Agarra con toda la fuerza, eres muy pequeño y el retroceso te empujaría hacia atrás."-El niño se enjugó las lágrimas y los mocos con la manga de su sucia camisa. Ya no caían más desde sus ojos, ahora estaba serio- Les fui disparando. Primero a los Inquisidores, y después al resto. Y después iba a disparar a Sussi para que no sufriera...pero era tarde. Ya no gritaba.

El Hombre escuchó en silencio, después sólo hizo un gesto y el caballo comenzó a andar.
-Una espada es como un cuchillo muy largo que se usa para la guerra en el este. Ellos no usan pistolas. Si todo va bien, pronto verás el Este, pero antes tenemos que despistar a alguien.- El Niño le miró atónito desde su caballo. ¿No le iba a decir nada? Había matado a unas veinte personas, entre ellas a sus propios padres.

Como si hubiese leído sus pensamientos, El Hombre simplemente dijo:
-Se lo merecían. Ellos están muertos, tú vivo. No lo pienses, te aseguro que hay un lugar para ellos más allá. Yo vengo de allí.

El Niño hizo avanzar a su caballo, manteniéndose un poco por detrás.